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martes, 11 de enero de 2011

Se negaron en Zacatecas a capturar al "Bambino" Asesino de Rubí

Chihuahua


Marisela denunció al subprocurador y al jefe de la Ministerial

El Heraldo de Chihuahua
11 de enero de 2011


De la Redacción

Chihuahua, Chihuahua.- Una sentencia absolutoria, la búsqueda del homicida de su hija, un romance fallido y el desenlace de una vida entregada al reclamo de justicia por parte de una mujer, son las revelaciones que en relación a la muerte de la activista Marisela Escobedo publicó el pasado fin de semana la revista Proceso.

Basado en el contenido de una serie de actas ministeriales elaboradas por la Fiscalía de Análisis, Evaluación y Control Interno de la Fiscalía General del Estado, se reseñó que la finada madre de familia compareció ante la autoridad para exponer los pormenores de la búsqueda que la llevó al interior del país para dar con el paradero del victimario de hija Rubí Marisol.

Esto último antes de ser baleada, el pasado 16 de diciembre, mientras realizaba una protesta a las afueras del Palacio de Gobierno de Chihuahua.

Indicó que la madrugada del 21 de octubre del 2010, meses después de que los jueces Catalina Ochoa, Netzahualcóyotl Zúñiga y Rafael Boudib absolvieron a Sergio Barraza, la mujer vigilaba un domicilio de la ciudad de Fresnillo, Zacatecas.

En el lugar estaba la concubina del inculpado sobre quien había tenido noticias de que todos los miércoles era visitada, a altas horas de la noche, por Barraza.

Su ex empleado llegó en una camioneta negra, sin placas, de reciente modelo, a visitar a su pareja María del Carmen Trujillo, así como a sus gemelos; días después que el imputado escapó de la policía de esa localidad.

Previamente la activista lo ubicó en un domicilio de Río Grande, Zacatecas. Ahí llamó a un número telefónico fingiendo atender una fuga de agua.

En ese momento la acompañaban agentes federales quienes constataron que una mujer afirmó sostener una relación amorosa con el victimario de Rubí Marisol Escobedo Frayre, revelando que su novio pertenecía a la organización delictiva denominada Los Zetas y se hacía llamar "el Bambino".

La declaración llevó a los agentes federales a manifestar que volverían a la Ciudad de México para dar parte a sus superiores, sin regresar después a ofrecer nuevamente el apoyo ofrecido, obligando a la madre de familia a solicitar entonces el apoyo de las corporaciones estatales y federales para recapturar a Barraza.

El 23 de septiembre del 2010 interpuso una denuncia en contra de Oswaldo Cerrillo Garza, subprocurador de Zacatecas; Miguel Hernández, jefe de la policía ministerial; lo mismo que en contra del comandante Andrés Torres y oficiales investigadores de sus caso, además de Luz Vallejo Pérez, quienes omitieron ayudarle pese al oficio de colaboración entregado para capturar al sentenciado.

Dijo a la Fiscalía que denunció porque a pesar de haberles narrado la historia de su hija, en una forma que le pareció morbosa y excesiva, el subprocurador nunca tomó en cuenta el oficio, mientras que los agentes ministeriales le dijeron que tenían mucho trabajo como para atenderla.

Igualmente aconsejaron que ella misma iniciara la búsqueda y que si tenía suerte llamara para poder intervenir.

Emprendió la búsqueda y al momento de ubicar al homicida llamó a la autoridad para acudir a un domicilio del fraccionamiento San Javier, en esa misma ciudad, acompañada por tres policías municipales que fueron eludidos por Barraza.

En tanto que se dirigieron a la parte posterior del inmueble por haberlo visto tratando de escapar por la azotea, el victimario regresó al frente de la casa y huyó por la puerta principal. Evadió a un centenar de personas que acudieron a los pocos minutos a reforzar el operativo, incluidos elementos el Ejército y el pasado 13 de julio.

Seis días después finalmente pudo compartir con la autoridad la información que reunió para encontrar a Barraza, entregando números telefónicos y demás elementos para capturarlo junto a una persona de nombre Luis Hinostroza Piña, apodado el Bolillo.

La negativa de la autoridad zacatecana a apoyarla la llevó a solicitarle a la Procuraduría General de Justicia en Chihuahua solicitar el apoyo de todas las entidades del país para logra nuevamente la aprehensión del asesino confeso de su hija.

La negación persistió hasta que abordó personalmente a la ex gobernadora Amalia García para pedir su colaboración, luego que sus subordinados se negaron a apoyarla, a pesar de la petición hecha por las autoridades chihuahuenses y recibida en esa entidad el 14 de julio del año pasado.

Concepción García, hermana de la gobernadora, otrora subprocuradora de Justicia, al tomar el asunto reconoció que no lo conocía; procediendo de inmediato al nombramiento de dos agentes para investigarlo, sin consecuencias.

Marisela Escobedo llevó entonces su reclamo a la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Zacatecas.

Acompañada entonces por la abogada Luz Estela Castro, representante de la organización Derechos de la Mujer, declaró en su queja que así como en esta entidad no tuvo el apoyo de la autoridad, tampoco en Zacatecas fueron atendidos sus reclamos de liberar a las mujeres del peligro que representaba la presencia de un feminicida como Sergio Barraza.
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Rubí Marisol
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En el acta se asentó igualmente la historia de su hija Rubí Marisol, una joven que a sus catorce años de edad vivía y estudiaba en la ciudad de El Paso, Texas.

Se redactó que tras unas vacaciones en la Unión Americana, la adolescente volvió a la frontera para visitar a su madre, una comerciante y enfermera nocturna, con quien se mantuvo ante la realidad de que no iba a poder regresar a estudiar a los Estados Unidos.

De ahí que se quedó con su madre apoyando los trabajos de la carpintería de su familia y que entre sus trabajadores tenía a Sergio Barraza Bocanegra, quien al momento de ser contratado refirió tener una pareja sentimental y una hija de tres años.

En febrero de 2006, al no encontrar a su hija consulto al carpintero sobre su paradero, quien mintió diciéndole que la joven era frecuentada por un hombre blanco, alto, que conducía un carro negro; descubierta la versión Marisela Escobedo llamó a la policía provocando la huida de Barraza.

Se le buscó en su domicilio conocido en Juárez, indicándoles la pareja que estaba a tres casas del lugar en un inmueble donde fue sorprendido en compañía de Rubí, quien tomó la decisión de huir con el varón para alejarse de su madre.

Al día siguiente el varón la abandonó y la madre acudió a recogerla para recuperar su compañía hasta mayo del 2006. Nuevamente Barraza se la llevó y se tomó la decisión de acusarlo de estupro aunque para encontrarlo culpable la menor tenía que aceptar que fue llevada a la fuerza.

Desaparecida Rubí su madre comenzó nuevamente a buscarla ubicándola en un puesto de piratería, donde la pareja de jóvenes había arraigado una relación sentimental al punto de vivir juntos, razón por la que para asegurarse de que estuviera bien la espiaba en secreto, sin lograr tampoco que hija Jessica sirviera para atraerla nuevamente a casa.

Al quedar embarazada Rubí, Marisela aceptó en su casa a la joven e incluso recontrato en la carpintería a Barraza, apoyándoles con los gastos relacionados al nacimiento de la pequeña Heydi.

Toda iba bien hasta el 22 de agosto del 2008, día en que por última vez vieron a Rubí. Al preguntar por ella Sergio comentó que había salido a conseguir una feria, indicándole después que viajaría a Aguascalientes.

Sin noticias de la menor, Marisela pensó que volvería a verla en unos días más, extendiéndose la espera hasta enero dl 2009, cuando la hermana de Barraza, Wendy. Esta última expuso que la pareja había roto, corroborando la historia la madre del sentenciado, en cuya casa se encontraba la hija de Rubí desde septiembre de 2008.

En sus últimas declaraciones ante la Fiscalía General del Estado, emitidas el pasado 3 de noviembre, Marisela Escobedo refirió los hechos que llevaron a la detención de Sergio Barraza.

Dijo que en enero del 2009 lo ubicó resguardado en el domicilio de su madre Leticia Bocanegra Ríos, quien el verse descubierto huyo llevándose a su nieta Heydi, iniciando una búsqueda que la llevaría por vez primera a Zacatecas.

En ese año se detuvo al homicida por la retención de la menor, declarando a su favor que había encontrado a Rubí Marisol sosteniendo relaciones sexuales con otro hombre, motivo por el que la había asesinado y quemado, llevando luego su cadáver a un tiradero en la frontera.

Ante un tribunal oral confesó el crimen y pidió perdón, mientras que los jueces Catalina Ochoa, Netzahualcóyotl Zúñiga y Rafael Boudib sentenciaron su libertad. Se argumentó la falta de pruebas; decisión que sería revertida después mediante un recurso de casación que le valió una sentencia de 50 años en prisión.

No obstante el inculpado había emprendido la fuga lo que derivó en la orden de la ex procuradora Patricia González para iniciar su búsqueda por parte de la Coordinación de Personas Ausentes y Extraviadas de la PGJE, a cargo de Edith Acevedo.

Sin resultados en torno a la detención de Barraza, la activista inició una marcha hasta la Ciudad de México, antes de regresar a Zacatecas y posteriormente a Chihuahua. Todo antes de ser víctima de un hecho violento todavía sin esclarecer por parte del a Fiscalía General del Estado.